Vuelven a la carga los intrépidos Hércules y Lincoln, los agentes que se adentraron hace unos años en la conspiración Maine. En esta ocasión, el español y el estadounidense investigarán unos extraños sucesos: tres profesores –un antropólogo, un historiador y un especialista en lenguas muertas- aparecen en la Biblioteca Nacional automutilados y en estado de shock. ¿Qué explicación hay para que uno se haya arrancado los ojos con las manos, otro se haya cortado la lengua con los dientes y otro se haya cercenado las orejas? ¿Qué han descubierto para haber llegado a ese extremo de locura?
Un libro traído por Vasco da Gama de su viaje a la India parece ser una posible explicación. En él hay encerrada una profecía que se remonta a los orígenes del cristianismo y que avisa de la llegada de un mesías ario que gobernará el mundo. La Primera Guerra Mundial está a punto de estallar (1914) y Hércules y Lincoln van contrarreloj, antes de que las bombas caigan en Europa, tienen que encontrar ese libro para saber cuál es el siguiente paso a dar para evitar que se cumplan las profecías en la que tantos hombres parecen estar interesados.
Ya hace unos cuantos años que, desde la publicación de El código da Vinci, las novelas sobre enigmas históricos, sociedades secretas, conspiraciones, y demás llenan las librerías de toda España. Por un lado es un dato maravilloso, porque el mundo de la literatura ganó a miles de lectores. Pero por otro lado, aquel dichoso libro hizo que englobáramos en el mismo saco a autores tan dispares como Matilde Asensi, Julia Navarro, Javier Sierra, etc. Es decir, todo aquel libro que se presentara como novela histórica o que jugara con enigmas históricos y conspiraciones, inmediatamente se tachaba de ser “una novela más” o, peor aún, novela “tipo El código da Vinci”. Esa ha sido la gran lacra de la literatura histórica. Porque no todo el género histórico es tan mediocre como aquella novelucha de Dan Brown, afortunadamente.
Mario Escobar Golderos ha demostrado con El mesías ario que la novela histórica está a salvo. Porque para armar una trama tan compleja como la que hay en esta novela y que además resulte creíble, hay que cumplir muchos requisitos: por un lado basarse en datos históricos demostrables y que la ficción no vulnere flagrantemente el rigor histórico y el sentido común; proponer una lectura histórica paralela a la que ya conocemos, de forma tal que nos entretenga y que además nos ofrezca un abanico de datos y enigmas reales que hagan que el lector, además de entretenerse, aprenda; que el autor no se recree en descripciones innecesarias que sirvan solamente para cargar de paja la novela; que los personajes estén bien definidos y caracterizados para que ayuden a recrear una historia creíble; la lectura sea ágil y que el lector tenga la sensación que la historia avanza, por lo tanto hay que dominar el ritmo narrativo; finalmente, que la voz el narrador –la del escritor, a fin de cuentas- no abuse de su poder magnánimo para sacare de la manga situaciones que no encajan con la historia narrativa y con el contexto histórico. Y resulta que Mario Escobar borda con hilo de oro cada uno de estos puntos, ha escrito una novela con maestría y primor.
Y fíjense que escribir esta novela es especialmente difícil, porque el autor juega con unos datos históricos que el lector conoce de sobra, como el advenimiento de la Primera Guerra Mundial, el modo en que estalla… Además, no hay que ser un lumbrera para deducir quién es el mesías ario ya desde el principio –sólo hay que mirar la portada y salir de dudas-, por lo que Mario Escobar se ha echado a la espalda la dura tarea de sorprender al lector aun teniendo todas las cartas encima de la mesa. Y ¿cómo lo consigue? Con habilidad, rizando el rizo o dando otra vuelta de tuerca a lo que el lector espera del desenlace. Un desenlace que, por cierto, es creíble y consecuente.
El mesías ario es una de esas novelas que cuando uno las acaba de leer, tiene la sensación de que el escritor ha asumido perfectamente aquellos valores literarios que proponía Borges “entretener y conmover”. Pero además enseñar, porque si algo hay de ficticio en los datos históricos que se detallan en esta novela, el autor los aclara al final, como ya hizo con Conspiración maine. Por lo tanto, Mario Escobar es un escritor consecuente con el rigor histórico.
Así que si lo que están ustedes buscando es disfrutar de una novela con enigmas históricos, personajes reales y ficticios, conspiraciones, una trama retorcida y una lectura ágil –porque los capítulos son tan cortos que el lector siempre piensa aquello de “me leo uno más… y uno más… y otro…”-, El mesías ario es una obra más que recomendable.
Crítica Manel Haro. Anika Libros
Tags: mesías ario, novela misterio, religión, Hitler
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