Martes, 15 de abril de 2008

   
En esta nueva serie de artículos, Ignacio Segurado nos acerca a los consejos y opiniones de los grandes maestros de la literatura. Con este primer ejemplo, el de Augusto Monterroso, uno de los autores guatemaltecos más conocidos del siglo XX, se inicia esta serie. Que la disfrutéis.

 

91CONSEJOS DE DOBLE FILO:

REGLAS Y RECOMENDACIONES DEL ARTE DE ESCRIBRIR

CAP. 1. El Decálogo del escritor de Agusto Monterroso.

 

 

Un veneno infesta a la literatura: la imaginación. Una afirmación valiente, aunque no es momento ni lugar éste para diagnosticar -y, menos aún tratar de curar- tan grave infección. Christophe Donner y su delicioso panfleto Contra la imaginación merecen un post; como también lo merece su némesis, el no menos panfletario Elogio de la ficción, de Marc Petit. De momento, pongámonos sólo en la piel de quien quiere escribir y no de quién examina, del aprendiz que se muerde las uñas delante de la ‘hoja en blanco’ (perdonad el arcaísmo: sustitúyase por ‘Documento Uno en pantalla de 15 pulgadas&rsquoGui?o y no de quien elaborando un discurso -elocuente, lúcido o estafador- a posteriori y que con casi toda seguridad vive inmune al tan temido virus de un tal Montano.

 

Muchos son los escritores que han propuesto recetas (a fin de cuentas expenderlas sale gratis) sobre cómo, cuándo, de qué forma, con qué garantías y con cuántas expectativas hay que afrontar la tarea de escribir. Algunos de estos consejos (bastantes de ellos de un doble filo peligrosísimos), salieron de la pluma (arcaísmo nº 2) de prestigiosos novelistas, cuentistas, guionistas y ensayistas. No pretendemos ser exhaustivos (y, ni mucho menos, inducir a nadie a una sobredosis de leyes inmutables), sino más bien recopilar, sin más criterio que la afinidad y la casualidad, algunas de esas recomendaciones. Ni que decir tiene que seguirlas al pie de la letra no asegura ningún éxito. Quítense y no vayan a demandarnos luego. Todo lo más, podrían servir para pasar un buen rato y por qué no, conseguir ser el centro de atención en un futuro cóctel literario (tipo La tala de Bernhard) o sin llegar a tanto, maravillar a todos durante la pausa para el café en el club de lectura de los jueves por la tarde, buff, en la biblioteca municipal.

 

Monterroso y el Decálogo del Escritor

 

Augusto Monterroso posee (todo lo que puede llegar a poseer un escritor muerto) una obra mínima, cuidada, reflexiva y alegremente irónica. El guatemalteco fue lo que se suele llamar un autor tardío. Son muy conocidas y celebradas su fábulas (en especial la Oveja Negra), sus relatos (Diógenes también) y sus microrrelatos (el archicitado El Dinosaurio). Algo menos conocida es su novela apócrifa Lo demás es silencio: vida y obra de Eduardo Torres. En esta obra, Monterroso inventa la figura de un escritor en el abismo entre la estupidez y la genialidad, con destellos de la segunda y muchas cucharadas de la primera. En uno de los capítulos de su obra y milagros, el bueno de Torres escribe -pedantemente ingenuo- el siguiente Decálogo del escritor. ¡Buen provecho!  

 

Primero. Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

 

Segundo. No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

 

Tercero. En ninguna circunstancia olvides el célebre dictatum: En la literatura no hay nada escrito.

 

Cuarto. Lo que puedas decir con cien palabras, dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

 

Quinto. Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

 

Sexto. Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita, pues, dormir con Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

 

Séptimo. No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta El Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso  de vez en cuando para  que tus amigos se entristezcan.

 

Octavo. Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de esas dos únicas fuentes.

 

Noveno. Cree en ti, pero no tanto. Duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

 

Décimo. Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.

 

Undécimo. No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

 

Duodécimo. Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá de tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.

 


Para saber más de Agusto Monterroso: http://es.wikipedia.org/wiki/Augusto_Monterroso


Tags: ayuda, escritores, noveles

Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 17 de abril de 2008 | 20:03
Me han gustado mucho los consejos, son muy buenos. Sobre todo el de no escribir para la galer?a