
Mario Escobar Golderos, escritor e historiador.
Aunque muchos piensan que las cosas han cambiado considerablemente desde la época de Cervantes, ser escritor y vivir de ello sigue siendo una misión casi imposible. El gran número de revistas, las nuevas editoriales y las diferentes oportunidades que se abren delante de los jóvenes escritores, muchas veces son callejones sin salida.
Llevo toda la vida escribiendo e imagino que eso no es ninguna novedad para los que aspiran a dedicarse a este noble oficio. Después de pasar ocho años empeñado en publicar y vivir de las letras, el balance ha sido francamente positivo, aunque los problemas y las trabas han sido casi insalvables.
En el año 2000 escribí mi primera novela. Una especie de egocéntrico thriller sobre mi mismo. Con la ingenuidad del neófito presenté la novela en un prestigioso premio; la virginidad literaria tiene ese precio y te recomiendo que no la pierdas rápidamente. Ser inocente tiene sus ventajas. Vivir con un sueño es la mejor manera de vivir. Naturalmente envié esa primera novela a unas cinco editoriales, todas ellas de reconocido prestigio. Al poco tiempo me respondieron amablemente la consabida frase: la novela no encajaba en la línea editorial. Un año más tarde, regresé con nuevos bríos y escribí mi segunda novela. Sin duda había mejorado la técnica, pero los tópicos desbordaban la trama, los argumentos retorcidos, las palabras rebuscadas y las reflexiones profundas lo hacían infumable. Lancé el manuscrito a su corta vida literaria, ocho editoriales me lo devolvieron con la consabida carta de rechazo.
Pero en aquellos días se publicó mi primer libro. Un ensayo de historia que me dio la alegría de ver por primera vez mis palabras en forma impresa. Poco después, Historia 16 me facilitaba la primera oportunidad de publicar un artículo y estas dos pequeñas victorias me dieron las fuerzas necesarias para continuar con mis esperanzas y anhelos.
¿Qué hago mal? Me pregunté en repetidas ocasiones. ¿Por qué no interesan mis novelas?
Estaba cometiendo tres errores que son muy comunes en los escritores noveles.
El primer error era sobrevalorar lo que hacía. No había leído nada sobre el oficio de escritor, no había ido a ningún taller y pensaba que mi bagaje de lector era suficiente. Pero estaba equivocado.
El segundo error era más sutil. Mi egocentrismo no me dejaba despegar como escritor. Mis historias eran una recreación de mi mismo.
En tercer lugar estaba errando el blanco. Me dirigía a las grandes editoriales que estaban saturadas de manuscritos y trabajaban con escritores que ya habían publicado antes.
Después de analizar mi situación, de hablar con mi mujer y algunos amigos. Pensé en corregir estos defectos y empeñarme en convertirme en escritor, a sabiendas de que el camino sería largo y difícil.
Lo primero que hice fue leer todo lo que caía en mis manos sobre creación literaria. Tomar ideas, corregir formas viciadas de escritura y, sobre todo, sacar mi ego de la ecuación de los argumentos que deseaba convertir en libros. Tenía que dejar de escribir para mi mismo y comenzar a escribir para los demás. Algunos consideran a esto la prostitución del oficio de escritor. Peor para ellos. Yo considero la escritura un oficio, que en algunos momentos es arte y en raras ocasiones roza la perfección. Comprendí que aprender un oficio, como el de la albañilería que practicó mi padre toda su vida, tenía mucho de técnica, mucho de trabajo, mucho de honradez y un poco de genialidad.
Después de dos años preparando la mezcla, escogiendo los materiales, haciendo oficio, una historia emocionante salió a mi encuentro. Una novela histórica con una apasionante intriga y dos personajes que me iban a cambiar la vida. Investigué el tema, dediqué muchas horas a leer, tomar apuntes y navegar por Internet. Disfruté con la mezcla de historia y literatura, pero la vida me hizo un regatee y tuve que esperar un año antes de ponerme manos a la obra. Mis padres enfermaron y en el transcurso de ocho meses fallecieron. Tomé la pluma, me aferré a mis sueños e intenté sobrevivir en un mar embravecido. La frase no es muy buena, pero es exactamente como me sentía.
La escritura de Conspiración Maine fue rápida y fluida. Me sentía tan seguro de la novela que la envié por correo electrónico a tres editoriales antes de terminarla y repesarla, dos de ellas me contestaron en el día. ¿Qué había cambiado?
La historia era original, el argumento atractivo, pero era yo el que había cambiado. Les envié una sinopsis para tantear su interés. Escogí tres editoriales pequeñas que encajaran con la temática. La editorial con la que terminé por publicar mi primera novela respondió una hora después de recibir la sinopsis, me pidieron los primeros capítulos, unos días más tarde el resto de la novela y un mes después estaba firmando mi primer contrato literario. No siempre es así de sencillo. Muchas veces a las editoriales les interesa la historia, pero al final no se decide.
Para no alargar mucho el artículo, si me lo permitís seguimos la semana que viene. Buena lectura y ser felices, por favor.
Tags: noveles, como publicar, editoriales
Esta sección sí que me parece interesante¡¡ No había visto a ningún escritor hablar así de sus inicios. Además parece sincero¡¡ Aunque por nombre no le conoce¡
Autor: MarioA mucha gente le gusta mitificar las cosas. La verdad está en las cosas sencillas.
Autor: reginairaeY tan real. Me siento totalmente identificada, especialmente con lo de los errores de principiante 
En España es muy dificil publicar. Pero más vivir de los libros
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