Martes, 14 de octubre de 2008


Por Manel haro, periodista.

El otro día hablaba por teléfono con Antonio Garrido (autor de *La escriba*)
y le pregunté si creía que le venía bien a su novela que, justo ahora que
acaba de salir, ya se le aplique la etiqueta de *best seller*. Lo dije sin
que mi pregunta tuviera ninguna carga de prejuicio, fue pura curiosidad,
mera indagación periodística. Y Antonio Garrido -un tipo certero en sus
palabras- me explicó que había que cambiar el término de *best seller* por
el de *long seller*. De hecho, en Reino Unido -decía- ya se empleaba ese
término para diferenciarlo del primero, que todavía pone de los nervios a
algunos críticos y lectores.

Entiendo así que el *best seller* tiene fecha de caducidad: *El código da
Vinci* -vamos a utilizar un ejemplo paradigmático- se vendió muy bien, pero
ya ha quedado como una anécdota casi olvidada de la literatura. Lo mismo
ocurre con otros fenómenos editoriales que se han reeditado una y otra vez,
pero que el tiempo se ha tragado la novela y su estela de éxitos. ¿Todavía
hay alguien que se acerque a una librería a comprar *El código da Vinci*?
Incluso parece que ir en el metro o en el autobús leyendo esta novela es ser
ya un poco anticuado.

Pero el *long seller* es un fenómeno diferente: El gran mérito de *Los
pilares de la tierra* no es solamente que sea un libro muy vendido, sino que
a pesar del paso de los años, todavía hay lectores que compran esta novela y
que la leen sin pudor en el transporte público. Hay decenas de libros que
podemos llamar *long seller*: *El nombre de la rosa*, *El ingenioso hidalgo
Don Quijote de la Mancha*, la *Biblia* y otros muchos títulos. Estos son los
que se llevan el verdadero éxito, porque han superado, no solamente la
prueba de márketing y mercado, sino la del tiempo. Solamente un *long seller
* puede aspirar a ser considerado un futuro clásico de la literatura.
¿Podemos negar, por ejemplo, que *El nombre de la rosa* sea ya un clásico
del género histórico? Sin embargo, nadie en su sano juicio diría que *El
código da Vinci* lo es por más libros que haya vendido en un momento
determinado.

El escritor por lo tanto puede aspirar a escribir un *best seller* o un *
long seller*. El empeño del autor puede ayudarle a conseguir lo primero,
pero difícilmente conseguirá lo segundo si un gran número de factores no se
ponen de su parte. Pero el escritor que consiga que su novela sea un *long
seller*, podrá presumir de que sus obras se leen en el metro y en el autobús
sin que nadie piense: "ese libro ya pasó de moda".

Tags: novela histórica, antonio garrido, libros, lectura

Comentarios
Publicado por Detective_en_paro
Mi?rcoles, 15 de octubre de 2008 | 7:19
Muy interesante la diferenciaci?n. Me temo que en general muchas de las editoriales espa?olas muestran poca "intenci?n" y la b?squeda de long sellers y mucha para los beneficios r?pidos de los best seller.