Mi?rcoles, 29 de octubre de 2008


Por Manel Haro, periodista.

Cuando el otro día os hablaba de los best seller y los long seller, mencioné la Biblia. Os hable de este libro pasando muy por encima, casi sin pensar. Me acordé, sin embargo, que el Vaticano estaba preocupado porque, aunque es el título más vendido de la historia, la juventud pasa por alto su lectura.
Hoy os escribo para decir lo que lamento que, de pequeño, no me hicieran leer la Biblia o, al menos, que me contaran un poco más sobre este long seller. Y lo digo porque esta mañana he ido a una exposición en Caixa Forum Barcelona, que reúne una estupenda muestra de la pintura de los Ufizzi (Florencia). Se trata de los cuadros que tratan el tema de la Pasión de Cristo, el Descendimiento y la Resurrección. Y me he sentido sumamente estúpido y perdido.
Si ponemos a la gente delante de La última cena de Da Vinci (obviamente esta obra no está en Caixa Forum, no olvidemos que es un fresco y que está en Milán) y les preguntamos que nos digan el nombre de los doce apóstoles, seguramente muchos se quedarán en blanco (sobre todo los más jóvenes). Yo, por ejemplo, sería incapaz de nombrarlos sin mirar en Google.
Para entender la historia del arte es fundamental tener nociones de la religión con más seguidores de Occidente. Yo me he sentido algo perdido ante palabras que, aunque sabía de su existencia, no conocía lo que implicaban: Pasión, Descendimiento, Eucaristía, Anunciación.... Además de no distinguir entre San Mateo y San Juan. Tampoco sabía el eslabón entre la expulsión del paraíso de Adán y Eva y la crucifixión de Cristo. Entre medio tenía una laguna. Lo reconozco.
Estaréis de acuerdo conmigo que, no solamente para entender el arte, es necesario saber de religión (de la Biblia), sino para leer determinados textos literarios, para saber por qué el domingo es fiesta y por qué celebramos la Semana Santa con procesiones.
Me he dado cuenta que cuando la gente lee la Biblia en el metro (muchos de ellos, inmigrantes), los ojos de los pasajeros miran con extrañeza. Seguramente pensarán que es un devoto, que reza a diario y que, sin duda, cree en dios. Sin embargo, me pregunto si alguien pensará que pueda estar leyendo la Biblia por inquietud cultural. Porque no hace falta creer en dios para leer la Biblia, sino creer en la cultura. Y es difícil entender la historia del arte -por ejemplo- sin tener unos mínimos de los textos sagrados.
La Biblia es un long seller porque, más o menos, todo el mundo tiene un ejemplar en casa. Pero ¿cuántos de esos ejemplares son leídos? Yo tengo este long seller y jamás pasé más allá del Génesis. Nadie, cuando era pequeño, me habló de la Biblia. Solamente hacía caso a los que me decían que pasara de la religión y que era un lavado de cerebro. Y lo consiguieron, lograron que no creyera en dios, pero también consiguieron que cuando, años más tardes, me pusiera delante de La última cena, solamente reconociera al del medio.
Así no es de extrañar que cuando alguien lee El código da Vinci, lo crea como si fuera ley. De algún modo hay que cubrir las lagunas.

Tags: lectura, leer, lector, libros

Comentarios
Publicado por Detective_en_paro
Mi?rcoles, 29 de octubre de 2008 | 10:55
Es una interesante reflexi?n... Aparte de su valor espiritual (que eso var?a de cada persona) el peso art?stico y literario de la Biblia, como de otros textos religiosos es indudable...