
Por Mario Escobar, escritor e historiador.
Nunca ha sido muy popular ser escritor, muchos no lo consideran ni un ofício. Otros creen que cualquiera puede escribir una novela. No es raro que todas las semanas me encuentre con alguien que me cuente que él también quiere escribir la novela de su vida. Me ha pasado con un agente inmobiliario, un abogado, un sacerdote y un tío paterno.
Muchos consideran la escritura como una simple afición. Algo que uno hace para pasar el tiempo. Nada de esto es nuevo. Luis Sepúlveda, el famoso escritor cuenta una experiencia muy graciosa en este sentido:
Siempre me acuerdo de un oficial de aduanas de Quito: cada vez que tenía que mendigar una visa me preguntaba la profesión. Cuando le contestaba: "Escritor", repetía: "Le he preguntado la profesión".
Aunque ese esa especie de menosprecio de la escritura no es generalizada y en muchos países, sobre todo en los Estados Unidos, un escritor puede ser lo más parecido a una estrella de cine o un ídolo musical.
A nuestros grandes clásicos también les ha pasado. Miguel Delibes tenía que soportar las bromas de algunos vallisoletanos cuando les decía que estaba trabajando en una nueva novela, sus conciudadanos consideraban la escritura una mera distracció, pura frivolidad.
Aunque algunos escritores empezaron en su oficio como una fuente de ingresos extras. Ken Follett confesó en una entrevista que comenzó a escribir para arreglar su coche estropeado. Afortunadamente, la mayoría de los escritores tienen intereses más artísticos, como en el caso de Marguerite Duras: Escribir era lo único que llenaba mi vida y la alegraba. Lo hice. La escritura no me ha abandonado nunca.
Encontrar el camino literario que conduzca al paraíso de los escritores no es fácil, ser escritor es más que poder escribir palabras y conseguir publicarlas. John Gardner decía que era un especie de "camino" y Stephen King que escribir es un acto de fe. La fe mueve montañas. Ánimo. Tags: escritores famosos, Sepúlveda, Neruda, Delibes