Martes, 11 de noviembre de 2008


Por Mario Escobar, escritor e historiador.

Algunos escritores afirman que no tienen método, otros incluso insisten en que realmente no existe un método general, pero de una manera u otra, todos los escritores necesitamos ordenar nuestras ideas, plamárlas y sacar lo mejor de nosotros mismos.

La escritura, como cualquier otro oficio, necesita de una disciplina, una organización. Cuando veo como poco a poco el número de folios que hay sobre mi mesa va en aumento, puedo observar objetivamente como funciona mi método.

Los escritores anti método también utilizaron sus propios sistemas de trabajo. Tenemos el caso de Joyce, que para poder ordenar su Ulises utilizó el viaje del héroe de la Odisea, como armazón sobre el que construir su compleja historia.

Cuando encauzamos nuestro creatividad, logramos avanzar en la escritura y creamos una forma particular de trabajar. Esa forma de ordenar el tiempo y el esfuerzo, nos llevará al final de nuestro viaje, de otra forma fracasaremos en el intento de terminar nuestra novela o libro de ensayo.

El método nunca debe ser algo encorsetado que nos limite o frene nuestra creatividad, sobre todo debe ser un catalizador que permita conducir nuestra creatividad sin obstáculos. Para que el método funcione debemos añadir tres de los valores más importantes del escritor: la constancia, la paciencia y la seguridad. Si nos falta alguno de estos tres elementos fracasaremos. Necesitamos constancia, lo que es lo mismo que regularidad y disciplina, para no dejar nuestro proyecto a medias. La paciencia nos ayuda a ver más allá del momento, a esperar el resultado de nuestro esfuerzo. La seguridad o ritualidad nos hace sentir cómodos en medio de un entorno determinado.
Gabriel García Márquez tiene un método parecido al de Hemingway. Él lo explica de la siguiente forma:

el descubrimiento de que el trabajo de todos los días sólo debe interrumpirse cuando ya sabes como reanudarlo al día siguiente. No creo que  haya dado
nunca un consejo mejor para escribir. Es, ni más ni menos, el remedio absoluto contra el fantasma más temido por los escritores: la agonía matutina ante el papel en blanco.

Hemingway lo describe de una manera más contundente:

Había aprendido ya a no vaciar el pozo de mi fantasía, sino a detenerme siempre cuando había algo allá en el fondo y dejar que se rellenase durante la noche con el agua de los veneros que lo alimentaban.

Uno de mis autores favoritos, Raymond Carver desvela su método con las siguientes palabras:

La primera redacción la hago a mano. Con soltura, casi con prisa. Luego escribo a máquina y ya cambio algunas cosas. Añado, quito. Hago dos o tres redacciones y entonces le paso el borrador a Tess, que me da su opinión.

Algunos escritores pueden pasarse escribiendo todo el día y otros apenas unos minutos. Los hay madrugadores o trasnochadores, pero todos coinciden en que hay que escribir todos los días.

No importa el método, pero hazte con uno y después disfruta escribiendo.

Tags: ayuda escritores, taller literario, método

Comentarios
Publicado por Invitado
Jueves, 13 de noviembre de 2008 | 21:41
Muy bueno