El otro día charlaba con un conocido escritor y mencionamos las presentaciones literarias. Muchas editoriales intentan suprimirlas, en muchos casos no son rentables y no cumplen las expectativas de ventas. Pero, en mi modesta opinión, las presentaciones son mucho más que un simple intento de vender libros, son el alumbramiento de la obra literaria. Después de meses de soledad frente a la hoja en blanco, el escritor puede mostrar su criatura a amigos, familiares y lectores. Lo que se gestaba en el interior sale a la luz y todos lo celebran.
Hace un mes estuve en la presentación de un libro. Escritores, políticos y algunos canapetistas caminaban de un lado para otro para ver y ser vistos. El autor reunió a sus familiares y pasó un rato con ellos. Eso es la verdadera presentación, un acto íntimo y personal del autor.
He tenido que hacer muchas presentaciones, pero en todas se ha producido la magia que existe entre el lector y el escritor, cuando uno y otro se unen con el único propósito de vivir más allá de la realidad.
Bueno hay de todo, hay presentaciones interesantes... pero otras... bufff. Quitan las ganas de volver. Hay escritores muy pesados y farragosos hablando de sus libros.