Por Manel Haro, periodista.
Señores lectores, vayan con ojo estos días cuando
entren a una librería a comprar algo, porque le tomarán por tonto. Así
de claro. ¿No se han dado cuenta cuando entran a las grandes
superficies literariomercantiles que han reubicado los
libros? Si las librerías tenían asientos para que los lectores ojeen
los ejemplares antes de comprarlos, los han retirado. Si había
determinados muebles dedicados a unos libros específicos, han sido
modificados. Y todo para desempolvar de los almacenes los libros en
gran formato.
Efectivamente,
señores, la Navidad es la época del año donde más libros en gran
formato se venden. Ya saben, esos libros de fotografía, de arte o de
ciencia que cuestan 40 ó 50 euros, cantidad que uno está dispuesto a
gastarse si es para regalar. También es la época de los calendarios con
fotografías en blanco y negro del París de los años 50 que cuestan 25
euros.
Estamos hablando de libros que nadie lee, pero que cambian de manos envueltos en papel de regalo. Le regalo este libro a mi cuñado porque es precioso (el cuñado lo ve y agradece -en cierto modo- el detalle, pero jamás lo leerá y ocupará un gran espacio en su estantería).
Los especialistas en merchandising lo tienen todo pensado: la
gente no sabe qué regalar; seguramente no quieren comprar un libro de
20 euros porque parecerá un regalo demasiado barato, así que vamos a
darles la oportunidad de que se gasten 50 euros para que se sientan
mejor, aunque el regalo sea más inútil. No saben que el auténtico
lector no es materialista y prefiere una edición en bolsillo de un buen
libro antes que un mamotreto inservible. Esto implica que el que va a
una librería y compra un libro en gran formato para regalar es porque
no se ha tomado demasiadas molestias en saber qué le puede gustar al
ser querido.

Eso
es, a todas luces, que las librerías nos tratan de estúpidos. Las
editoriales aprovechan el momento para editar las grandes obras. ¿Se
han fijado que, casualmente, Planeta acaba de sacar una edición de La sombra del viento junto con El juego del Ángel
en una caja de lata? ¿Saben ustedes la cantidad de gente que, teniendo
ya en casa alguno de estos dos libros, recibirá este regalo? No digo
que esté mal la idea del cofre, pero ¿para qué público está pensado?

Y
no sólo pasa con los libros, oigan. Si van a las secciones de cine,
verán que han colocado todos los packs de todas las series. Esas que
van desde los 45 euros hasta los 150 euros. Y, lo peor, dvd’s también
en caja de lata. En Fnac, por ejemplo, he visto que si compras Pepi,
Luci, Bom y otras chicas del montón (de Almodóvar), te cuesta 5,95
euros; si la compras con el estuche de lata, son unos 20 euros. El
interior es el mismo: Alaska se mea del mismo modo en la cara de Eva
Silva, pero es la oportunidad de que alguien se sienta bien haciendo un
regalo caro. ¿O qué decir de la edición especial de Pesadilla antes de
navidad que ha sacado Fnac por 115 euros? No digo que esté mal la idea
de sacar ediciones caras y grandes (las editoriales están en su
derecho). Lo que me resulta molesto es que las librerías reorganicen su
espacio para que nos llevemos lo más caro y, muchas veces, lo más
inservible.

¿Están
ustedes dispuestos a que les tomen el pelo en su librería? ¿Permitirá
que le tomen por tonto? Piénselo bien, si quieren regalar un libro a un
ser querido, éste no se lo agradecerá más por el tamaño o por el
precio, sino por cuánta parte de usted –y no de su bolsillo- haya en
ese regalo. Están avisados.
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