Jueves, 04 de diciembre de 2008


Por Manel Haro, per
iodista.

Señores lectores, vayan con ojo estos días cuando entren a una librería a comprar algo, porque le tomarán por tonto. Así de claro. ¿No se han dado cuenta cuando entran a las grandes superficies literariomercantiles que han reubicado los libros? Si las librerías tenían asientos para que los lectores ojeen los ejemplares antes de comprarlos, los han retirado. Si había determinados muebles dedicados a unos libros específicos, han sido modificados. Y todo para desempolvar de los almacenes los libros en gran formato.



Efectivamente, señores, la Navidad es la época del año donde más libros en gran formato se venden. Ya saben, esos libros de fotografía, de arte o de ciencia que cuestan 40 ó 50 euros, cantidad que uno está dispuesto a gastarse si es para regalar. También es la época de los calendarios con fotografías en blanco y negro del París de los años 50 que cuestan 25 euros.

Estamos hablando de libros que nadie lee, pero que cambian de manos envueltos en papel de regalo. Le regalo este libro a mi cuñado porque es precioso (el cuñado lo ve y agradece -en cierto modo- el detalle, pero jamás lo leerá y ocupará un gran espacio en su estantería).

Los especialistas en merchandising lo tienen todo pensado: la gente no sabe qué regalar; seguramente no quieren comprar un libro de 20 euros porque parecerá un regalo demasiado barato, así que vamos a darles la oportunidad de que se gasten 50 euros para que se sientan mejor, aunque el regalo sea más inútil. No saben que el auténtico lector no es materialista y prefiere una edición en bolsillo de un buen libro antes que un mamotreto inservible. Esto implica que el que va a una librería y compra un libro en gran formato para regalar es porque no se ha tomado demasiadas molestias en saber qué le puede gustar al ser querido.


Eso es, a todas luces, que las librerías nos tratan de estúpidos. Las editoriales aprovechan el momento para editar las grandes obras. ¿Se han fijado que, casualmente, Planeta acaba de sacar una edición de La sombra del viento junto con El juego del Ángel en una caja de lata? ¿Saben ustedes la cantidad de gente que, teniendo ya en casa alguno de estos dos libros, recibirá este regalo? No digo que esté mal la idea del cofre, pero ¿para qué público está pensado?


Y no sólo pasa con los libros, oigan. Si van a las secciones de cine, verán que han colocado todos los packs de todas las series. Esas que van desde los 45 euros hasta los 150 euros. Y, lo peor, dvd’s también en caja de lata. En Fnac, por ejemplo, he visto que si compras Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (de Almodóvar), te cuesta 5,95 euros; si la compras con el estuche de lata, son unos 20 euros. El interior es el mismo: Alaska se mea del mismo modo en la cara de Eva Silva, pero es la oportunidad de que alguien se sienta bien haciendo un regalo caro. ¿O qué decir de la edición especial de Pesadilla antes de navidad que ha sacado Fnac por 115 euros? No digo que esté mal la idea de sacar ediciones caras y grandes (las editoriales están en su derecho). Lo que me resulta molesto es que las librerías reorganicen su espacio para que nos llevemos lo más caro y, muchas veces, lo más inservible.


¿Están ustedes dispuestos a que les tomen el pelo en su librería? ¿Permitirá que le tomen por tonto? Piénselo bien, si quieren regalar un libro a un ser querido, éste no se lo agradecerá más por el tamaño o por el precio, sino por cuánta parte de usted –y no de su bolsillo- haya en ese regalo. Están avisados.

Tags: vender libros, promociones, navidades

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