Desde hace unos meses pueden verse máquinas expendedoras de libros en Madrid y Barcelona. Una manera novedosa de sacar el libro a la calle, aunque puede mostrar al libro como un producto más de consumo. Cualquier medio para difundir la lectura es bueno, pero la tribialización de todo nos lleve a un mundo en el que nada es sagrado, un mundo sin rituales ni magia. Unas monedas por un poco de felicidad y entretenimiento. El juicio, como siempre, terminará por darlo el consumidor.
¿Qué piensas de vender libros en máquinas expendedoras?