Martes, 13 de abril de 2010

Cubierta de Hijos de Esparta.


Por David Yagüe


Teo Palacios debuta en el panorama literario con una apasionante novela histórica que nos lleva al origen de un mito: la polis griega de Esparta. Palacios conversó con Best Seller Español para descubrirnos los secretos de su obra Hijos de Heracles. El nacimiento de Esparta (Edhasa).

¿Por qué decidió iniciar su carrera literaria con una novela histórica ambientada en la Grecia de la Antigüedad?

Suele decirse que uno no elige las historias, sino que las historias buscan a alguien que las escriba. Puede parecer algo muy romántico, incluso esotérico, pero estoy completamente de acuerdo con esa afirmación. Las historias están vivas, crecen de forma independiente a la idea original en la mayoría de ocasiones. Hijos de Heracles es un buen ejemplo de ambas cosas. La historia me encontró y me apasionó desde el principio. No soy consciente de haber decidido escribir mis novelas. Sólo soy consciente de que las escribo.

¿Cómo le surgió la idea de Hijos de Heracles?

La historia de la novela se fue desarrollando a lo largo del tiempo. La primera intención fue escribir una novela en la que se mostrara a dos hermanos que estuvieran enfrentados. A continuación, me pareció interesante que el ambiente en el que se criaran fuera especialmente duro. Esa idea me llevó a empezar a investigar la cultura espartana. Y, de repente, me encontré con una época increíble. No podía dejar pasar ese marco histórico. Más tarde descubrí que era inédito, nadie había escrito antes sobre él.

¿Por qué eligió las fecha del siglo VIII a.C. para enmarcar su historia? ¿Qué cambios o sucesos ocurrieron en Esparta que le interesaban narrar?

Durante la investigación para la novela descubrí varios aspectos que me parecieron de lo más interesante. Para empezar, algunos historiadores ponen en duda la existencia de Licurgo, a quien se considera el padre de la legislación espartana. Hay quien apunta al rey Teopompo como el instaurador de algunas de esas leyes, y me pareció fascinante desarrollar esa idea. Además, es un periodo muy convulso: se inician las guerras contra Mesenia, hay varias revueltas entre los ciudadanos de Esparta, se da inicio a la agogè, el sistema educativo espartano. Y, para mayor interés, en ese periodo Esparta no era todavía como se la conoce hoy: la ciudad de los guerreros valerosos que vencían todas las batallas. Antes bien, se trataba de una ciudad en desarrollo, con graves problemas económicos, una sociedad cultural muy avanzada (por ejemplo, la música tal como la conocemos hoy se originó en sus calles) y un ejército que sufría frecuentes derrotas. ¿Quién no querría narrar algo parecido?

¿Por qué resultan tan interesantes los espartanos para escritores y lectores? ¿Es por la crueldad que refleja en las páginas de su novela?

No creo que sean interesantes por su crueldad, sino por el abismo ideológico que existe entre su cultura y la nuestra. Lo que para nosotros es cruel, para ellos fue necesario. Lo que nosotros entenderíamos como aberrante marcaba la diferencia entre su subsistencia o su desaparición. Fue un pueblo que dejó de lado todo lo banal, todo lo superfluo. La persona no tenía un gran valor. Era la comunidad lo importante, la supervivencia del pueblo, y no del individuo, lo que debía primar. Hoy, sin embargo, vivimos en una sociedad egocéntrica, en la que los anuncios nos dicen que debemos obtener algo porque nosotros lo valemos. No podemos estar más alejados de los espartanos en cuanto a la concepción del mundo. Somos curiosos por naturaleza: todo lo que nos es ajeno, nos resulta de interés.

¿Buscó identificar a sus protagonistas con el mito espartano o intentó ahondar en una visión diferente de aquella polis?

El mito espartano es muy posterior a los sucesos de este libro. La batalla de las Termópilas, con mucho el acontecimiento más conocido de su historia, sucedió varios siglos después de los acontecimientos que se nos muestran en la novela. La vida en Esparta era diferente en el siglo VII a.C., las personas pensaban de modo diferente e incluso la política era distinta. Como resultado, Hijos de Heracles muestra una visión radicalmente nueva de Esparta, pero totalmente necesaria para comprender lo que vendría después.

Además, la época en la que ambienta la historia, es una época más oscura y de documentación más compleja, que por ejemplo, la clásica,… ¿Le resultaba más fácil fabular entre la nebulosa histórica de aquella época?

Casi no hay nada de mi invención en esta novela. La inmensa mayoría de los sucesos son históricos o, al menos, tienen eco en una parte de los historiadores. Esto no quiere decir que sea una tesis o un libro de texto, nada más lejos de la realidad, pero hay muy pocos datos que un historiador pudiera poner en duda. Es cierto que es una época oscura y de la que sabemos poco. Pero lo que sabemos da para muchas buenas historias sin necesidad de fantasear demasiado.

En su obra hay intrigas, batallas, amoríos… ¿Cuáles son los elementos fundamentales en los que se apoya la novela?

Hay dos aspectos básicos. Por un lado, las relaciones entre los miembros de la familia de Teopompo: él mismo, su esposa, Tira, y Anaxándridas, Arquidamo y Ofira, los tres hijos del matrimonio. Esta es la principal línea argumental de la novela, el hilo del que vamos tirando para avanzar en su lectura. El segundo aspecto es el marco histórico: los cambios sociales, las batallas en busca de territorios con los que paliar sus carencias económicas, la implantación de las severas leyes espartanas, etc. Luego hay multitud de tramas secundarias, como la enemistad entre Anaxándridas y Polemarco, por poner un ejemplo, que enriquecen a los personajes y a la misma historia.

¿Por qué eligió entremezclar un relato en primera persona en su narración en tercera?

Porque era necesario. El personaje que narra su historia en primera persona nos habla de sus vivencias, de sus experiencias, que son terribles y terminan por desequilibrarlo. Era mucho más dramático escucharlo de su voz que a través de un narrador en tercera persona, que no es quien padece los sufrimientos del protagonista y por tanto no puede hacérnoslos llegar con la misma fuerza. El impacto es mucho mayor cuando escuchamos los padecimientos de alguien de su propia boca.

¿Cómo afrontó la documentación de la novela? ¿Qué dificultades se le plantearon?

¿Por dónde quieres que empiece? Hubo mil dificultades. Desde el principio. Los historiadores no se ponen de acuerdo en las fechas, por ejemplo. Las diferencias pueden ser de hasta 200 años para según qué acontecimiento. Las genealogías fueron otro asunto peliagudo. Dependiendo a quién se consulte, dará una genealogía u otra. Si a eso le sumamos que la perspectiva desde la que está contada la novela es una que rompe con lo que se ha creído como cierto hasta hace poco tiempo, como el tema de Licurgo que comentaba anteriormente, las dificultades se multiplican. Para empeorar las cosas, de Esparta se sabe muy poco. Para solucionar muchos de estos temas me dirigí a expertos, profesores universitarios especialistas en la época. Sin su ayuda hubiera sido imposible solucionar los escollos.

Muchas novelas históricas, a pesar de hablar del pasado, tienen una lectura contemporánea. ¿Hijos de Heracles busca plantear alguna reflexión sobre el mundo en el que vivimos?

No es la intención original de la novela hacer paralelismos, sino acercarnos una imagen desconocida de aquella ciudad. Con todo, siempre se pueden buscar elementos comunes, por supuesto. Los niños soldados son hoy una triste realidad. También lo es el maltrato físico, y en este último aspecto sí quise hacer una denuncia específica a un grave problema de nuestra sociedad.

Como escritor de este género, ¿cómo afrontó la relación, a veces compleja, entre la ficción y la realidad histórica?

Con mucho respeto y la mayor de las calmas. Hijos de Heracles fue mi primera novela histórica, un género con millares de seguidores y toda una legión de historiadores buscando posibles errores que señalar. Quise ser muy respetuoso con lo que conocemos, sin modificar nada, aunque planteando nuevas cuestiones.

¿Qué escritores de novela histórica tiene como referentes? ¿Y qué novela sobre la Grecia de la Antigüedad recomendaría a los lectores?

Más que autores tengo libros. Shogun, de James Clavell, me parece una de las mejores novelas que he leído. Los Pilares de la Tierra, Ken Follet, no la voy a descubrir a estas alturas. León Bocanegra, de Alberto Vázquez Figueroa, me marcó por su estilo, aunque habrá quien diga que es más de aventuras que histórica. También El Médico, de Noah Gordon y la maravillosa El Nombre de la Rosa, de Ecco. Suelo volver a leer los libros que me apasionan, y estos los he leído más de una decena de veces. En cuanto a una novela sobre la antigua Grecia, me gustó especialmente La Canción de Troya, de Colleen McCollough. Una visión estupenda de aquel conflicto.


Tags: teo palacios, entrevista, hijos de heracles, novela histórica, esparta

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