jueves, 05 de agosto de 2010

Se quiera reconocer o no, el empuje del libro electrónico está cambiando a velocidad de vértigo el negocio editorial en EE UU. El empuje es tal que ha puesto de rodillas a Barnes & Noble, la mayor cadena de librerías del país con 720 establecimientos. A la vista del desplome que están sufriendo sus ingresos por la explosión de las ventas a través de estos dispositivos, sus gestores han anunciado que están pensando en vender la compañ

La cotización en Wall Street se disparó tras el anuncio

La crisis puede llevar también a la compañía Borders a suspender pagos

Hace una década, la empresa valía 1.675 millones de euros; hoy 535

Desde el año 2000, Amazon aumentó de 2.740 millones a 55.000

El de Barnes & Noble no es el único síntoma de una enfermedad cuyos males se hacen sentir incluso en la atonía empresarial de lo más crudo del crudo verano. El superagente Andrew Wylie (apodado no por casualidad El Chacal) sacudió hace unas semanas los cimientos tradicionales de la edición al anunciar el inicio de un contrato con Amazon para publicar en formato digital libros de algunos de sus autores más consagrados, como Philip Roth o John Updike.

Para ver que ambos asuntos están conectados basta fijarse en cómo han descendido los beneficios de explotación de Barnes & Noble y en el hecho de que a Amazon le han sobrado tres años para vender más libros electrónicos que en tapa dura.

Hace una década, la cadena, presente en todas las ciudades grandes o pequeñas de EE UU, estaba valorada en unos 2.200 millones de dólares (1.675 millones de euros). El martes, antes de hacer público el inesperado anuncio al cierre de Wall Street, se mantenía a duras penas en los 700 millones. Leonard Riggio, su fundador, dijo que la opción de la venta es para dar valor a los inversores. Y de momento, lo ha conseguido.

Solo la idea de que Barnes & Noble cambie de manos ha disparado sus títulos un 25%. Esto es, la compañía vale ahora cerca de 1.000 millones de dólares (761 millones de euros). Pero ese respiro de un día no va a ser suficiente para sobrevivir en un negocio en plena transformación, donde la inversión en nueva tecnología digital es clave para la supervivencia.

Barnes & Noble, que vende unos 300 millones de libros anuales, lanzó el pasado verano su propio lector electrónico, el Nook, para sacar tajada de ese mercado en ebullición. Pero llegó muy tarde, y con un dispositivo que convenció poco. Paralelamente, las ventas de libros en papel se están trasladando hacia grandes cadenas comerciales de descuento como Wal-Mart, Target y Costco.

Pese a ello, los gestores de la cadena creen que la marca cuenta "con una ventaja competitiva única". Aunque no dan detalles de cómo corregir el rumbo. Una posibilidad es ponerla en manos de un grupo de inversores. En ese caso, estará por ver cuál sería el papel del fundador, que controla el 29,9% del capital.

La presión de los inversores es alta. Frente a Riggio se encuentra Ronald Burkle, que controla el 19% y reclama un cambio radical en el equipo de gestión y mayor participación en el capital. Una batalla interna que crea dificultades adicionales para que la compañía pueda adaptarse a los nuevos tiempos.

Hace tres años, Barnes & Noble era una fuerza capaz de imponer lo que iban a leer los estadounidenses. Bastó una simple conexión a Internet para que las reglas del juego cambiaran. Amazon aprovechó esa ventana con su megatienda electrónica y eso explica que la marca valga hoy 55.000 millones de dólares (41.800 euros), 15 veces más que hace una década.

Borders, la segunda cadena de librerías en EE UU, atraviesa por una situación aún más delicada, hasta el punto de que desde el año pasado se especula con que podría declararse en suspensión de pagos. A comienzos de este también se lanzó al negocio del libro electrónico para limitar daños.

Fuente El País. Autor Sandro Pozzi


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