Martes, 15 de julio de 2008

Por David Yagüe, periodista.

Hace unas semanas os reseñé Bajo tierra de Sebastian Coh, novela merecedora del Premio Internacional de novela de terror Villa de Maracena. Ahora el autor de esta inquietante historia nos ha concedido esta entrevista en exclusiva para Best Seller Español.


P: ¿Por qué contar una historia de fantasmas (o al menos a mí me lo ha parecido) desde el punto de vista del propio fantasma?

R: En gran parte, por todas las correspondencias que se han establecido históricamente entre los fantasmas y los entes de ficción. Ambos son productos del universo psicológico humano y ambos comparten el mundo de las apariencias que postula Platón en sus diálogos. Los fantasmas y los personajes no son más que una proyección imaginaria sobre la realidad, el producto final de nuestra fantasía. Al fin y al cabo, leer es escuchar a los muertos. Para mí, el libro es semejante a una tabla de ouija a través de la cual nos comunicamos a diario con los muertos, con los fantasmas del pasado.

P: ¿Dan más miedo las personas o los fantasmas?

R: Las personas, sin duda.

P: En Bajo tierra hay mucha sugerencia... ¿no teme hacer trabajar mucho a sus lectores?

R: En esta época los aficionados a la literatura han adquirido la costumbre de leer libros sin su correspondiente esfuerzo. El lector no es el culpable, ni mucho menos, sino los escritores de las últimas décadas cuyos libros hacen del lector una figura pasiva, contradiciendo como cabía esperar la tradición del siglo XX. De la misma manera que una pintura no se conforma simplemente con su mera visión, sino que precisa de una interpretación, con los libros ocurre lo mismo. Uno de los grandes avances de las teorías poéticas de la modernidad ha sido la formulación de la diferencia entre signo y símbolo literario. Una cosa es el significado lingüístico de las palabras y otro muy distinto su significado estético o mitológico. La sugerencia es en el fondo una falsa sugerencia. Consiste únicamente en completar la historia no mediante su relato sino a través del poder connotativo del lenguaje. La connotación es, en cierta medida, la quintaesencia de la literatura como arte. Éste es el gran descubrimiento que nos han legado los autores del siglo XX, desde Proust, Kafka, Joyce, Woolf o Faulkner hasta Beckett, Borges, Cortázar, Nabokov o Celan.

P: Su primera novela y de terror, en un país donde el género está poco valorado literariamente es correr un riesgo...

R: Correría un riesgo si tuviese algo que perder; en especial, si esperase alcanzar el éxito comercial masivo o el aplauso de la crítica con Bajo Tierra. Como no es así, no me preocupa lo más mínimo.

P: ¿Cuáles son sus referentes literarios en este género? ¿Le gusta algún autor hispano?

Cubierta de Bajo tierraR: En especial, El visionario de Friedrich Schiller me parece una de las grandes joyas del terror. Las teorías poéticas en torno a este género formuladas por Allan Poe son propias del Modernismo en pleno Romanticismo, hecho que lo encumbra como el autor más emblemático del género. Frankenstein de Mary Shelley es una obra excepcional, de dura interpretación y, en cierto modo, en ella se resume el verdadero significado del terror que inspira la creación de vida artificial. También es indispensable mencionar a Lovecraft cuando hablamos del terror, ya que, gracias a él, la novela y el relato de terror se han modernizado a diferencia de otros géneros. Pero existen otros muchos autores anteriores a éstos que, aun no siendo considerados como escritores de terror, han plasmado los horrores de sus respectivas épocas, como ocurre con las torturas medievales de La leyenda dorada de Santiago de la Voragine o las condenas infernales de la Divina Comedia de Dante. En España, existen referentes ineludibles: Los sueños de Quevedo, El diablo cojuelo de Vélez de Guevara, Noches lúgubres de Cadalso, El estudiante de Salamanca de Espronceda, las Leyendas de Bécquer o ciertos relatos de Zorilla, Blanco-White, Clarín o Blasco Ibáñez. Por último, siento una fuerte predilección por la narrativa francesa de terror, en especial, por la narrativa de Gautier, Chasles o Lorrian.

P: En esta novela el mundo del libro y la literatura tienen un peso muy específico, ¿por qué?

R: Una de las razones más sencillas que puedo ofrecer es que para mí no existe un medio mejor que los libros para hablar de libros.

P: ¿Cómo se siente al ver que su primera novela es merecedora de un premio como el villa de Maracena?

R: En un principio uno piensa que ha habido un error, en especial tratándose de una novela que escribí muy joven. La verdad fue una coincidencia que topara con el premio del ayuntamiento de Maracena. Me siento satisfecho por haber descubierto que existen profesionales en el mundo de la literatura preocupados por brindar la oportunidad de difundir un género poco querido en este país. Que haya sido Bajo tierra la obra galardonada es tan sólo uno de los datos a señalar, y si el jurado hubiese concedido el premio a cualquier de las otras dos obras destacadas dentro del certamen, sería un beneficio para el género en toda regla. Evidentemente, estaré eternamente agradecido al Ayuntamiento de Maracena por la oportunidad que me ha brindado al conceder a Bajo Tierra este premio, y a la editorial Almuzara por la excelente edición, promoción y distribución de la novela.

P: ¿Cómo ve su futuro próximo como escritor? ¿Está trabajando en alguna nueva novela?

R: Lo único que tengo presente es que resulta muy difícil abrirse un hueco en el mercado editorial actual, sobre todo, con lo corporativista que se ha vuelto en las últimas décadas. Por lo que mi futuro como autor respecta, es un tanto incierto. Ello no impide en absoluto que prosiga trabajando en nuevos proyectos, siempre y cuando mi vida laboral y académica me lo permita. En estos momentos, estoy escribiendo un libro de relatos titulado Neuropa. Este verano trataré de terminar mi próxima novela, La novia del Doctor Lamb, con la que espero, por lo menos, igualar los mismos resultados que he obtenido con Bajo Tierra.


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