Martes, 11 de mayo de 2010



Por David Yagüe, periodista

Javier, en los últimos diez años (y antes) han salido multitud de novelas (thrillers pseudohistóricos, aventuras tipo Indiana Jones, etc) con el objetivo de la Atlántida en mente… ¿Qué es lo novedoso, lo diferente que nos vas a ofrecer con tu Atlántida? ¿No te dio un poco de respeto tener tantas novelas sobre el tema ya publicadas?

 

¿Qué hay de diferente en mi Atlántida? En primer lugar, los personajes, que son más cercanos de lo habitual en en estos thrillers. Como comenta en su crítica Alfonso Merelo, no se trata de “arqueólogos casi invencibles, o héroes de acción a los que nunca les falta un lugar donde aparcar”. Todos ellos tienen sus momentos de gloria, pero también otros en los que sufren aprietos o se ven en situaciones casi ridículas. Como puede pasarle a cualquiera de nosotros, vamos.

Por otra parte, aunque no diré que mi novela es histórica, ni mucho menos, procuro recurrir más a los textos de Platón, el primer autor que habla de la isla perdida de la Atlántida. Y, como es lógico en alguien de mi profesión, utilizo una hipótesis más “griega”: la de que la catástrofe que hundió la Atlántida se produjo en el Egeo, en el archipiélago de Santorini. Quien quiera comprobar lo que allí ocurrió hace unos 3.500 o 3.600 años puede buscar imágenes en internet: esa hermosa bahía es en realidad una caldera volcánica, que se hundió en la mayor erupción de tiempos históricos.

 
Y, entre otras cosas, los lectores encontrarán el relato de esa erupción… más alguna otra en nuestra propia época.

Después de las novelas fantásticas y tu histórica (Salamina) vuelves a cambiar de género… ¿Con cuál de los tres géneros te has sentido más cómodo, con cuál te has divertido más?

Al escribir no pienso en géneros, sino en la novela concreta en la que estoy trabajando. Son la trama, los personajes o la estructura los que me preocupan. Una vez acabada la obra, puede encuadrarse en uno o varios géneros, pero eso es más asunto de los editores, libreros y críticos que mío. Yo no pienso en las convenciones del género, sino en las necesidades de la novela que escribo.

Hasta ahora siempre me he divertido con lo que escribía. De lo contrario, no habría sido capaz de terminar cada novela —y, de hecho, en mi ordenador hay varias novelas apenas empezadas, porque no logré conectar lo suficiente con ellas—. Creo que lo que más cómodo hace que me sienta son los personajes. Si me resultan divertidos, interesantes, si es fácil identificarse con ellos o al menos mirarlos con interés, la novela sale adelante. Nunca insistiré lo suficiente en lo importantes que son. Como dice mi amigo y colega Juan Miguel Aguilera, los novelistas nos encontramos bajo la tiranía del personaje.

No pensaste que al ver esta cubierta más sensacional y una novela más propia de un género que no tiene demasiado buen cartel entre los lectores más fieles de la narrativa histórica o fantástica, algún lector dijera ¡Oh, no! ¡Negrete también se ha pasado al bestseller tipo Dan Brown!

Algunos lectores lo habrán hecho, sin duda. Aunque basta con mirar la contraportada, creo yo, para darse cuenta de que no tiene nada que ver con Dan Brown. Aquí no hay conspiraciones internacionales, sino una amenaza natural: los principales supervolcanes entrando en erupción. Y la mayoría de los personajes, como el pícaro y desencantado Gabriel Espada o Herman, su amigo megafriki, tienen poco que ver con el “glamour” un tanto chirriante habitual en los protagonistas de ese tipo de libros.

Por supuesto, me gustaría que Atlántida fuera un bestseller en el sentido literal del término… pero el bestseller como género no existe por definición. Mi novela podría calificarse como thriller —aunque no me guste usar un término inglés, pero está muy extendido— catastrofista y con elementos a la vez históricos y de anticipación científica. Humm, la verdad es que no es demasiado fácil de definir.

De todos modos, tienes razón en que ciertos lectores —sólo unos pocos— ya han hecho “crítica preventiva” en internet antes incluso de que el libro se publicara. Pero cada uno tiene su opinión, ya se sabe.

El libro ya lleva dos meses en las librerías, ¿qué tal está siendo las impresiones que te llegan de los lectores?

La mayoría son positivas. En general, la novela les está enganchando, e incluso lectores poco acostumbrados a argumentos que se salen de lo cotidiano suspenden su incredulidad. Sobre todo, la leen muy rápido. Cuando se habla de libros que son un “pasapáginas” tendemos a olvidar que, cuanto más fluida resulta una novela para el lector, más horas de esfuerzo ha empleado el autor. Crear lo sencillo resulta muy complicado.

En la novela también hay pasajes que recuerdan a un género, quizá más cinematográfico que literario, como el de catástrofes. ¿La cercanía del 2012, con sus supuestas teorías del fin del mundo, ha despertado tu instinto catastrofista?

Lo cierto es que no. Mi pasión por el cine de catástrofes me viene de niño, desde películas como Cuando los mundos chocan o Terremoto. Al plantearme una novela sobre la Atlántida, tenía que tratar, lógicamente, el cataclismo en el que desapareció la isla. Pero también quería hablar de nuestro tiempo, y plantear una catástrofe más cercana a nosotros. Puesto que, según mi hipótesis, la Atlántida se hallaba en Santorini y se hundió por una erupción volcánica, pensé en actualizar esta amenaza. Pero como nuestra civilización es global, dicha amenaza también debía ser global. No bastaba con un volcán, de modo que pensé en que entraran en erupción varios a la vez, y además de una magnitud mucho mayor a la que estamos acostumbrados. Se cree que hace 75.000 años el supervolcán de Toba estuvo a punto de extinguir a la especie humana. ¿Qué podría pasar si estallaran a la vez varios supervolcanes? De eso trata mi novela. Pero, además, introduzco otra pregunta: si los supervolcanes entran en erupción en momentos separados por cientos de miles o millones de años, ¿cómo es posible que varios de ellos se activen al mismo tiempo? ¿Es casualidad o hay algún designio detrás? Eso es lo que deben averiguar los protagonistas… y para ello deben comprender por qué y cómo se hundió la Atlántida.

El ritmo de esta Atlántida es especialmente trepidante, hay continuos movimiento, viajes, y el estilo es muy visual, muy directo, casi se lee como se vería una película. ¿La literatura tiene que acercarse más a lo visual para captar a los nuevos lectores del siglo XXI, criados, en general, más cerca de lo audiovisual que de lo literario?

Supongo que la respuesta a tu pregunta es “sí”. Pero no es algo que haya procurado hacer a propósito. Aunque desde niño he leído mucho, yo también me he criado en una sociedad audiovisual, de modo que es natural que al crear una novela como Atlántida la vea en mi cabeza a modo de película. En la que incluso hay una persecución, aunque en este caso quien persigue al coche de los personajes no es otro vehículo, sino la nube de ceniza y rocas ardientes de una erupción.

Por supuesto, también depende del tipo de historia que se quiera contar. Una narración más intimista, lógicamente, requiere otro estilo y otro ritmo menos cinematográficos.

Esas catástrofes en tu novela están relacionadas con los volcanes. Los que leímos La gran aventura de los griegos, ya pudimos comprobar tu interés por estos fenómenos y en concreto por la gran explosión de Tera...

Lógicamente, en una historia de Grecia que hablaba también de la civilización minoica tenía que hablar de Tera —o Santorini, que es el nombre del archipiélago completo y resultará más familiar a muchos lectores—. Lo cierto, además, es que ya estaba empezando a preparar Atlántida, así que no tiene nada de sorprendente que hiciera un pequeño alto en La gran aventura de los griegos para hablar de la que denominé como “la madre de todas las erupciones”.

¿Por qué quisiste que uno de tus protagonistas, Gabriel, fuera un periodista de lo “oculto”? ¿Es un guiño, un toque de humor o necesitabas un personaje, como aquel agente Mulder de Expediente X, que quiere creer?

Casi has planteado todas las posibilidades Sonrisa Hay un poco de todo. Me interesaba que Gabriel estuviera familiarizado con varios de los temas que se tratan en la novela —la Atlántida, la búsqueda de la inmortalidad, la comunicación telepática—, pero que no fuera un conocedor profundo, pues eso permite que los lectores reciban información al mismo tiempo que él, sin que parezca que el protagonista nos suelta discursos. Un periodista de lo paranormal me resultaba bastante apropiado… y me brindaba la posibilidad de la escena en que él y la vulcanóloga Iris se conocen con cartas de Tarot de por medio.

A pesar de que poseer una trama muy internacional e universal, el humor, además un humor bastante castizo, nuestro, está bastante presente en la novela…

Creo que en mis novelas el humor brota de forma bastante natural. En muchos de los géneros que he visitado, como la novela histórica o la fantasía épica, hay a veces un exceso de solemnidad. A mí me gusta que mis personajes, al menos los principales, se rían un poco de sí mismos, o sin quererlo se vean metidos en situaciones que bordean el ridículo. Como ejemplo de mezcla de humor y aventuras, me quedo con Indiana Jones y la última cruzada.

Humor, acción, aventura, catástrofes, intriga… Atlántida tiene de todo ello, pero como su autor, ¿cuál dirías que es el elemento clave de esta novela?

Creo que hay dos elementos claves, no uno, y ya he hablado de ellos. El primero, los personajes. Como ya he dicho, siempre es así. Los de Atlántida son muy cercanos: Gabriel, que trampea con la visa para llegar a fin de mes, Iris, atrapada en una relación de la que quiere huir, o Randall, que, aunque posea poderes insospechados, vive en una caravana, viste siempre bermudas y sandalias y parece un hippy de los sesenta.

El segundo son los propios volcanes. Son un elemento fascinante de por sí, y he procurado echar el resto al narrar sus erupciones y describir sus efectos. Espero que en la escena de la erupción de Long Valley o en el hundimiento de la Atlántida los lectores lleguen a sentir bajo sus pies el trepidar del suelo y notar en el aire el peculiar olor de las cenizas volcánicas.

Nos despedimos hasta el próximo libro tuyo, que será…

Si todo va según lo previsto, mi próxima novela será El sueño de los dioses, la tercera parte de la saga de Tramórea, y mi próximo ensayo será El triunfo de Roma.

Gracias por tu atención, Javier, y enhorabuena por tu muy entretenida novela.

Gracias a vosotros y a todos los lectores de Best Seller Español. Un abrazo.


Tags: atlántida, javier negrete, aventuras

Publicado por Detective_en_paro @ 19:48  | Thriller
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